miércoles 11 de noviembre de 2009

¿QUE SE PUEDE CONSEGUIR CON PSICOANÁLISIS?


Y qué se puede conseguir con psicoanálisis: ¿enseña a jugar a los futbolistas, les hace que corran más?


De enseñar a jugar al fútbol se encargan, desde hace años excelentes técnicos que tenemos de diferentes puntos de la geografía nacional e internacional. El señor Ginés Meléndez, Iñaki Sáez, Alfredo Di Stéfano por nombrar a profesionales del fútbol que han sido campeones, dicen que un futbolista se hace y, que se necesita años de trabajo.
El psicoanálisis permite que el trabajo, entrenamiento y talento que hay en cada jugador, se pueda desplegar; es decir que todo lo entrenado se pueda jugar. Colabora en que lo trabajado en equipo (por se más grande y productivo en todos los casos que lo personal e individual) se pueda sumar. Y se puede conseguir que todos los obstáculos afectivos, emocionales que perjudican al deportista, inconscientemente, se puedan resolver, elaborar o mitigar, para que no estorben el desarrollo de su profesión. Así mismo la eficacia del psicoanálisis como tratamiento médico en ciertas lesiones es incuestionable, a nivel preventivo, terapéutico y en toda evolución.
Son muchas las personas que intervienen, viven, disfrutan y colaboran en un deporte considerado: “deporte rey y de masas”
Toda historia de la civilización es una exposición de los caminos que emprenden los hombres para dominar sus deseos insatisfechos, según las exigencias de la realidad y las modificaciones en ella introducidas por los progresos técnicos. Y a nivel tecnológico el hombre le lleva unos 300 años de ventaja al hombre del pensamiento, al sujeto grupal, al humano civilizado, solidario y tolerante.
El fútbol es un paradigma grupal (es decir un infusorio, a modo de laboratorio) donde se puede leer la realidad de cualquier hecho social, histórico y económico, así como cualquier efecto de la realidad social, económico, histórico puede influir en el mundo del fútbol (ya que el fútbol es de este mundo).
Podemos decir que, por instantes, el mundo está en el fútbol. No olvidemos que el fútbol está, permanentemente, en el mundo. Y sin el deseo del hombre, no se habría producido éste deporte. El humano alcanzó la bipedestación y se puso a jugar a la pelota con los pies. La bipedestación la permitió el lenguaje actuando sobre el cuerpo humano. Y la pelota es un juguete social y grupal: con una sola pelota pueden jugar y divertirse a la vez más de veinte personas. Y para poder jugar tienen que aceptar las reglas del juego, lo que permite desplegar de forma grupal los diferentes deseos humanos.
Para concluir el sucinto despliegue de la pregunta, decir qué: en última instancia el que toca la pelota, el que la falla, el que pone el cuerpo, el que sufre y entrena, el que grita desde la banda, el que padece desde su casa, el que va al estadio, el que salta más que nadie, el que espera llegar a la meta, el que gana, el que no quiere perder y sin embargo pierde, siempre es un humano.
El cuerpo del futbolista también está dotado de palabras, es decir un deportista tiene derecho a hablar. El hombre, desde niño, juega y con cualquier material hace algo redondo, una pelota para poder hacer girar con sus pies, con sus manos, hacer gravitar con su cuerpo (el redondo mundo) cual balón ante él.
La importancia médica del psicoanálisis deportivo, radica en que ninguno de los productos psíquicos infantiles ha sucumbido en el adulto. Los sueños del hombre normal reavivan todas las noches su carácter infantil y así podemos pensar casi todas las dificultades de un equipo deportivo, donde se entrena y trabaja, como la expresión de una inhibición del desarrollo grupal.
El fútbol es un paradigma grupal y cultural donde de vivir jugando se trata. Y jugar en el ejemplo de vivir, es posible por haber sido escrito.
El fútbol, como el arte, genera humanidad.

viernes 30 de octubre de 2009

"EL FÚTBOL AL DIVÁN" un programa de GRUPO CERO TELEVISIÓN


EL FÚTBOL AL DIVÁN
Programa a cargo de CARLOS FERNANDEZ
Sábado a las 17:00 en GRUPO CERO TELEVISIÓN

Conferencia impartida por el Dr. Carlos Fernández den el CURSO SUPERIOR DE DIRECCIÓN DEPORTIVA de la RFEF


PSICOANÁLISIS Y FÚTBOL
LA VARIBLE AFECTIVA EN LA DIRECCIÓN DEPORTIVA (Y 7ª Parte)


Con respecto a LAS SUPERSTICIONES, decir que no hay casualidades, hay causalidad. Existe el azar, pero tiene leyes, nada ocurre en el humano porque sí. Todo lo que pasa en el Departamento de un equipo de fútbol es para algo o para alguien. Nada ocurre porque sí, no es por casualidad que el fútbol lo estudien y piensen y trabajen en él, no sólo los futbolistas, sino también profesionales licenciados como: preparadores físicos, médicos, abogados, informáticos, fisioterapeutas, psicólogos, periodistas, dentistas, psicoanalistas, arquitectos, ingenieros, sociólogos.
El deseo inconsciente cuando no se lo conoce o se lo niega, funciona en contra de uno, al igual que lo haría la alarma de incendios de una casa o el piloto de la gasolina del coche, pero cuando se lo reconoce y se lo tiene en cuenta, el Inconsciente es en todos los casos nuestro mayor aliado.
Es cierto que hay personas que prefieren creer en el mal de ojo, los gatos negros, el número trece, el color amarillo, la mala o la buena suerte, pero debemos saber que en estos casos, el sujeto no toma una actitud participativa en lo que le sucede, prefiere poner fuera de sí, los sucesos de la vida en lugar de implicarse. Aceptamos que en la historia de la civilización hemos pasado por diferentes pensamientos entre ellos el pensamiento mágico-animista, y el humano lo hereda todo, pero debemos saber que tenemos la edad de nuestros prejuicios.
La humanidad no vive jamás por entero en el presente, de modo que en las ideologías del Súper Yo perviven el pasado, la tradición racial, nacional, y solo ceden muy lentamente a las influencias del presente, desempeñando en la vida de los hombres mientras actúan por medio del Súper Yo, un importante papel, independiente de las circunstancias económicas.
Un grupo es psíquico, es una reunión de individuos que han introducido a una misma persona en sus respectivos super yoes, y que a causa de esta comunidad se han identificado unos con otros en su yo. Fórmula, nos enseña Freud, que sólo sirve para aquellos grupos que tienen un jefe. Y esto es un grupo, y sin grupo no hay equipo, aunque jueguen juntos en la misma formación. Si hay grupo hay equipo, y un grupo anhela el triunfo, la victoria y siempre es más grande, fuerte y poderosa que un sujeto solitario o un genio aislado.
No todos están preparados para el éxito y el prestigio. Debemos saber que hay tendencias sufridoras en la personalidad, de modo que no todos queremos afrontar más beneficios, más trofeos, superar record, ganar más dinero, ya que ello nos transformaría la personalidad. Es más fácil cambiar de sexo que cambiar de clase social, y esto a su vez es más sencillo que cambiar de barrio. Hay un gran temor a volverse unos tiranos, unos soberbios, dictadores y despertar la envidia ajena, o la propia. Porque uno también puede envidiarse así mismo. Puesto a envidiar el humano puede envidiarlo todo. A veces no se quiere ganar más para no compartir.
Estas notas son un primer acercamiento a conocimientos básicos para un Director Deportivo en el desempeño de sus funciones. Quedan muchos otros temas estructurales por desarrollar que serán motivo de otros encuentros en un futuro cercano.
Gracias

lunes 19 de octubre de 2009

Conferencia impartida por el Dr. Carlos Fernández den el CURSO SUPERIOR DE DIRECCIÓN DEPORTIVA de la RFEF

Lejanías. Miguel O. Menassa

PSICOANÁLISIS Y FÚTBOL
LA VARIABLE AFECTIVA EN LA ALTA DIRECCIÓN (6ª Parte)


LA TOLERANCIA nos habla de la aceptación de los semejantes como diferentes. El mal de finales del siglo pasado y principios de este siglo XXI, es la intolerancia, nadie tolera a los demás, a veces ni a uno mismo. Los humanos solemos ser para los otros como cuerpos extraños, esas reacciones inmunológicas donde se reacciona contra lo nuevo, considerándolo extraño y perjudicial. Algo así como que, todo aquello que uno no hubiera pensado previamente no es válido, si lo que leo o me enseñan no se le ocurrió antes o a solas se tiende a despreciar la novedad, donde los mejores valores son los de la familia, donde uno creció, y no se acepta ninguna imperfección y la culpa de todo está fuera de uno mismo y es la realidad la que me ataca. Cuando deberíamos saber que el mayor tirano de uno mismo, el peor enemigo de uno, está dentro de uno. Y lo mejor de uno está fuera de uno, lo que mejor puede hablar de una persona son sus productos, sus resultados, los efectos del trabajo.
La gran tendencia individualista en los humanos es uno de los factores más importantes para el fracaso o la dificultad en un equipo, una empresa o una institución. Es el grupo siempre y en todos los casos el que produce los sujetos, el que produce directivos, entrenadores, jugadores. Es la Institución la que nos cobija, es la empresa la que crea funciones que un trabajador puede desempeñar y no al revés.
La intolerancia al dinero y al éxito es otro de los factores que influyen en un equipo de fútbol. En los afectos y sentimientos se ve la ideología que tenemos de las cosas y las personas. Y la ideología no es tanto lo que digo sino lo que hago.
Recordemos que la ideología es algo heredado, que en su momento perteneció a alguien, que nos enseñaron en la familia, el colegio, el barrio y aunque la consideremos como algo propio y original no lo es. Son frases, pensamientos, ideas, opiniones que dirigen nuestra vida. Por ejemplo nadie nos suele enseñar a trabajar para más allá de aquello que necesitamos, hay pensamientos populares de que “trabajar mata” o ¡parece que quieres ser el más rico del cementerio! etc. Cuando en realidad si se produce más de lo que uno puede gastar, se está produciendo plusvalía, y como algo se nos caerá de las manos, estamos generando con el trabajo una riqueza para otros, luego es un verdadero gesto de amor, producir más de lo que necesitamos y es un gesto egoísta, producir justito solo lo que necesitamos y no trabajar más.
Nuestra manera de pensar está determinada por la personalidad y ésta se conformó durante la infancia en la cual la familia como transmisora de ideología es determinante. La ideología se transmite de manera inconsciente, y no se puede no tener ideología. Si, se puede interpretar y con ello transformar.
LA SEGURIDAD en uno mismo o la inseguridad hablan en todos los casos de la aceptación de la función que desempeñamos en el club. Si estamos bien plantados en la función, esta nos protege ante los vaivenes y dificultades de nuestros afectos, pero si dudamos del equipo, de la táctica, si chocamos con el entrenador aunque no lo expresemos, aunque no se lo digamos, si discrepamos con la ideología del club o la ciudad que representa, si considero que cuando no juego es por favoritismos del entrenador, que no hay nadie mejor que yo, que nadie tiene más conocimientos que yo, que los otros siempre quieren engañarme, si se piensa así, se vivirá y trabajará en una continua zozobra, y los resultados de su trabajo no serán los adecuados.
Los trabajadores, los directivos, los jugadores, los profesionales somos el envoltorio del club, somos los representantes de la institución deportiva, luego lo que hacemos y decimos es la imagen que damos del club, y cuando discrepamos con el club o con las indicaciones de los directivos, mostramos inconscientemente este desacuerdo y esto siempre trae consecuencias.
Las dificultades en el club, es decir todas las relaciones a nivel horizontal con los compañeros y todas las relaciones verticales con los superiores e inferiores, se muestran en nuestro quehacer y en nuestro decir, y esto no se puede ocultar porque tenemos inconsciente, y siempre se muestra. Se muestra cuando estamos a favor de la idea, del proyecto del club y se muestra cuando no estamos a favor del club.
Un jugador puede entrenar fuertemente, pero falla en los partidos, un director deportivo trabaja intensamente, pero falla en los fichajes, un entrenador trabaja intensamente pero los resultados no son buenos, hay que preguntarse por los deseos inconscientes que anidan en estas personas. Tal vez se sientan solas, incomunicadas, tal vez sean individualistas y no acepten ayudas.
Al ser humano por haber sido ayudado a crecer en su infancia, se le genera una deuda, que le lleva a no aceptar, con agrado, nunca más ayudas de nadie. Recuerdo el caso de un famoso magistrado, y lo cuento porque esta información apareció en la prensa, que una vez acabó sus estudios de derecho y aprobó sus oposiciones de juez, le devolvió a su padre todo el dinero que se había gastado con él, desde los 18 años. El padre no lo aceptó, pero el hijo demostró poco agradecimiento con sus progenitores, porque primero éste dinero que pagaba ahora, no es de ninguna manera aquel que le permitió estudiar, y segundo la deuda simbólica que uno adquiere con la familia, la puede pagar con otros jóvenes, para que haya mundo, civilización. Pensemos que somos seres privilegiados hemos nacido en un mundo donde había universidades, hospitales, campos de hierba, podemos pensar en dejar algo para los demás.
Y ¿si nos dieran a elegir entre la familia y el mundo? Si elegimos la familia nos podemos quedar sin el mundo, y si elegimos el mundo, como la familia tiene que estar fuera de uno, si está en el mundo será una mejor familia. Lo mejor de un directivo está fuera del directivo.
Continúa.

miércoles 14 de octubre de 2009

Conferencia impartida por el Dr. Carlos Fernández den el CURSO SUPERIOR DE DIRECCIÓN DEPORTIVA de la RFEF



PSICOANÁLISIS Y FÚTBOL

LA VARIABLE AFECTIVA EN LA DIRECCIÓN DEPORTIVA (5ª Parte)



Todos los humanos somos para otros humanos como espejos, donde se reflejan nuestras virtudes e imperfecciones. Por ejemplo cuando nos enamoramos, el otro es perfecto, semanas después cuando desaparece ese efecto de enamoramiento, y detecto en el otro una imperfección, por nimia que sea, a veces le quiero abandonar, porque esa imperfección en el otro, me recuerda que yo también soy imperfecto. Cualquiera que se ponga enfrente y nos recuerde que no somos completos, perfectos y únicos, tendemos a quitárnoslo de encima, y pretendemos alejarnos y romper esa relación. En ese momento se despierta en nosotros una agresividad, esa rivalidad de otro semejante recordándome las diferencias ideológicas, puede desencadenar sed de venganza, soberbia y desprecio hacia el otro. En general cualquier situación que despierta intolerancia por sentimiento de frustración, al no conseguir rápidamente lo que quiero, genera agresividad.

Quien sabe esperar no necesita hacer concesiones, sin embargo existen en todos los trabajos los llamados “eyaculadores precoces” que quieren ganar el campeonato antes de empezarlo o contratar a un jugador antes de verlo jugar y conversar con él. Son estas actitudes infantiles de la personalidad, donde se tiende a romper los objetos, los juguetes, las relaciones, por verdaderas pataletas, echando la culpa siempre a los otros.

Reconocer la imperfección humana es un grado de humanidad.

La agresividad en si misma no es mala. Todo es en general cuestión de cantidad. La agresividad es un aliado de la pulsión de vida, ya que todo tiene que hacerse con cierto grado de agresividad, pero su exceso se alía con la pulsión de muerte, pudiendo llegar a la agresión, sancionable en todos los casos. Un ejemplo clásico es la diferencia entre la caricia y la bofetada, pudiendo ser la misma mano o la misma mejilla las que están en escena. El deseo le imprime diferente velocidad en la acción, resultando de ello una caricia o una bofetada.

LA TRISTEZA se encuentra dentro de los afectos considerados normales, que suelen acontecer por regla general ante situaciones de cambio en la vida. Ante situaciones nuevas que no se logran elaborar como ganancias, puede invadirle al sujeto un estado anímico de pérdida. Por ejemplo cambiar de casa a una vivienda más grande en un barrio residencial; pero puede acontecer un estado de tristeza porque vivo ahora más lejos de mis vecinos antiguos, tengo que llevar a los hijos al colegio en coche y antes los llevaba andando, etc. Esto puede acontecer en los jugadores que cambian de club, especialmente a los que cambian de ciudad o país, aunque el fichaje sea un crecimiento, una mejora de calidad de vida, un club más poderoso, una economía resuelta y aunque aparentemente todo eso lo busqué con pasión, puede conllevar una situación de tristeza. Si es transitoria, unas semanas, no hay que hacer nada, es la elaboración normal de un duelo, por la pérdida de situaciones queridas, pero si se alarga a varios meses y comienza a alterar la vida normal, hay que actuar porque el sujeto puede estar desarrollando una melancolía, situación anímica grave, que puede estropear la progresión deportiva o laboral de cualquier profesional.

También hay situaciones de tristeza en nuestra actitud ante la muerte, que casi nunca es sincera. Ya que creemos en la muerte, pero la de los demás y nunca pensamos en la nuestra, es un tema que consideramos de mal gusto, lo silenciamos, lo negamos. La propia muerte es verdaderamente inimaginable, en nuestro inconsciente estamos convencidos de ser inmortales, por todo ello tendemos a postergar las cosas de nuestra vida, o tendemos a recomenzar siempre de nuevo, sin tener en cuenta lo previo, o queremos repetir y repetir hasta conseguir la perfección, actos rituales obsesivos, maniáticos a veces buscando lo imposible, para negar la muerte.

Al triste hay que zarandearle un poco, despertarle si pasa un tiempo y persiste la tristeza. Al melancólico hay que tratarlo urgentemente.
Continúa.

martes 13 de octubre de 2009

Conferencia impartida por el Dr. Carlos Fernández den el CURSO SUPERIOR DE DIRECCIÓN DEPORTIVA de la RFEF

La puerta de ayer. Miguel O. Menassa

PSICOANÁLISIS Y FÚTBOL

LA VARIBLE AFECTIVA EN LA DIRECCIÓN DEPORTIVA (4ª Parte)


Hay situaciones en la vida, como la muerte de seres queridos, que puede traer un beneficio al sujeto (por ejemplo una herencia) o una separación matrimonial que puede afectar el desempeño laboral, pudiendo atentar sobre sí mismo por considerarse culpable de lo que sucedió. La intolerancia a aceptar como propios, ciertos deseos inconscientes que entran en contradicción con la ética y la moral que nuestro abogado interior nos dicta como adecuado, nos puede llevar a la necesidad de un castigo, y en el castigo llevar la penitencia.
Esto se puede apreciar en los jugadores de fútbol con cierta frecuencia, en las expulsiones, sanciones, incluso en el mecanismo etiopatogénico de algunas lesiones musculares, que impiden al jugador participar en importantes eventos.
LA RESIGNACIÓN (el que siente que nada bueno se merece) y el Autoreproche (el que piensa que no sirve, que no vale para nada) o el esclavo (que busca malos trabajos o mal pagados) son otras formas de expresión del sentimiento de culpa.
Tenemos cuerpo y psiquismo. No se puede vivir sin lo uno y tampoco sin lo otro. Los dos son imprescindibles y depende de cómo lo pensemos, lo cuidemos, lo protejamos, lo fortalezcamos viviremos más años y con mejor calidad de vida.
Al cuerpo hay que darle alimentos adecuados, reposo, mantener un permanente tratamiento higiénico-dietético. Hay parámetros muy estudiados en el cuerpo que señalan cualquier desvío de lo normal, y de los cuales la medicina es la encargada de realizar los correspondientes tratamientos. La Medicina es la ciencia que se encarga de las enfermedades, el Psicoanálisis se encarga de la salud.
Al psiquismo, también, hay que proporcionarle lo que precisa, los alimentos y cuidados pertinentes: dormir ya que el sueño es el guardián del reposo, hablar, leer, escribir, amar y gozar con todas sus metáforas: sexualidad, creación, pensamientos y proyectos sociales. Cuando el psiquismo nos avisa que algo no funciona bien en el sujeto o algo se detiene en su crecimiento, el psicoanálisis se encarga de tratarlo, con la característica de que no es necesario estar enfermo para psicoanalizarse, pues el psicoanálisis es la ciencia encargada de la salud.
De la AGRESIVIDAD para comenzar a pensarla, debemos diferenciar agresión y agresividad. La agresividad es estructural, necesaria y una cierta cuota de ella es imprescindible. La agresión habla de una dificultad para hablar, un lugar donde no se pudieron poner palabras y se terminó poniendo el cuerpo, una dificultad con los límites, algo social puesto en una escena, a veces de manera privada. Y esto nos lleva a puntuar de manera concreta y precisa que el fútbol no genera violencia, ni agresividad. La agresividad es constitutiva del sujeto al sentirse despedazado, roto, incompleto frente a la “aparente”, “falsa” completud y armonía del otro semejante. Lo importante es cómo hacemos, cómo nos manejamos con esa agresividad, cómo lo elaboramos, si se trabaja y canaliza a través de la palabra, en los pactos será una cosa, si se pretende resolver con el cuerpo, o con la acción será otra muy diferente.
Al fútbol como en cualquier otra actividad acude a veces gente violenta, lo que no significa en absoluto que el fútbol genere violencia, con lo que cualquier medida coercitiva en el fútbol o investigación genética, que no tenga en cuenta la intolerancia, la agresividad, la envidia y el narcisismo de las pequeñas diferencias, (que también anidan en el inconsciente) estará trabajando desde la ceguera del investigador, del director deportivo. Para empezar, comencemos por nosotros mismos.
El humano se mueve desde que nace en un intervalo entre la vida y la muerte. El límite entre ambos es prácticamente inexistente. Y hay fuerzas en el humano (llamadas pulsiones) pulsión de vida, que se parecen a los instintos de supervivencia en los animales y ayudan a mantener la vida del individuo, en ella se buscan satisfacer cuestiones básicas: comida, bebida, descanso, satisfacciones sexuales, orden, etc. Así mismo sabemos que toda vida tiene una dirección inevitable hacia un final; y en el hombre conviven ambas fuerzas, ambas pulsiones: las de vida o Eros y las de muerte o Tánatos.
La vida se prolonga cuando hay un equilibrio entre ambas pulsiones, en el caso de un pulso, un conflicto entre ambas, casi siempre gana por norma general la pulsión de muerte, avisando previamente con una enfermedad, una dolencia, una minusvalía. Todos conocemos gente que debe cuidarse mejor con respecto, al tabaco, comida, compañías, velocidad con el coche, consumo de sustancias, amores perjudiciales y sin embargo no lo hace, y generalmente hay varios avisos (pequeños percances) antes de un desenlace fatal (por ejemplo un accidente, depresión o un cáncer). También todos conocemos personas que llegan a edades avanzadas y tienen una energía y vitalidad encomiables, debe haber cuidado la salud y trabajado intensamente, ya que la salud se construye. No existe salud sin trabajo. Aunque hay gente que trabajó mucho y no tiene salud, pero debería preguntarse si se cuidó para llegar a esa edad.
La vejez es aceptar la edad que uno tiene, el que la acepta, puede hacer todo lo que corresponde a esa edad y desea; y he de decirles que las funciones no envejecen, la mirada y la voz pueden tener toda la energía que se quiera y el sexo no cae. Tratar de ocultar el paso de los años es la única vejez. Los “ex deportistas” deben ser pensados.
Cuando trabajamos construimos vida, cuando descuidamos el trabajo o las relaciones sociales, construimos muerte. La riqueza de un hombre es la riqueza de sus relaciones sociales, y a veces durante la vida vamos cometiendo pequeños micro-suicidios, excesos en la comida, la bebida, el amor que puede alimentar una actitud suicida. Ningún negocio, club, equipo fracasa de un día para otro. Cuando una Institución, un club, una empresa fracasan, revísenlo y verán que se han ido construyendo a veces durante años, actitudes en contra de la empresa que la terminan llevando al abandono, al despedido, al descenso de categoría o la desaparición.

miércoles 7 de octubre de 2009

Conferencia impartida por el Dr. Carlos Fernández en el CURSO SUPERIOR DE DIRECTORES DEPORTIVOS de la RFEF


PSICOANÁLISIS Y FÚTBOL
LA VARIABLE AFECTIVA EN LA DIRECCIÓN DEPORTIVA. (3ª Parte)


La realidad que todos tenemos es la realidad que hemos sido capaces de producir, y algo tiene que ver con nuestros deseos inconscientes, aunque nos vaya mal. Algo se satisface en el sujeto aunque sea una derrota, un despido, un fracaso o un triunfo. Siempre algún deseo se satisface, aunque no lo parezca conscientemente, si investigamos el caso, llegaremos a ver que algo se satisface en ese acto. A veces los deseos inconscientes de sufrir son tan grandes, tan necesarios para ese sujeto, que prefiere huir antes que perder. Hay que aprender a perder y después vine lo más difícil, aprehender a ganar.
Un líder, un director deportivo, un entrenador, un coordinador, un hombre debe aprender a ganar y debe aprender a perder. Y es más fácil aprender a perder que a ganar. Hay más intolerancia al éxito que al fracaso. Estamos más acostumbrados a los problemas, a la escasez, a la derrota que al triunfo. La permanencia en la cresta de la ola, los niveles de liderazgo permanente conllevan un trabajo que está al alcance del que no se creyó que ya consiguió, que ya ganó. No hay lugar al cual acceder y poder decir: “ya llegué y no hago más”. Todo es con gran trabajo y solo desde la repetición se accede al goce del triunfo. Triunfan los que permanecen.
Otro de los sentimientos que conforman nuestra personalidad y con influencia en la actividad laboral, familiar y social es el sentimiento de culpabilidad, asociado generalmente al sentimiento de inferioridad. Debemos recordar ese Super Yo del que hablamos antes. En todo sujeto hay un abogado interior que nos juzga, que nos dice lo que está bien y mal, de modo que las actitudes contrarias al bienestar en el club deportivo acaban generando culpa, por mostrar la existencia de deseos contarios al bien hacer de las cosas. Deseos que suelen ser del orden del sadismo, la agresividad, el egoísmo a ultranza, la intolerancia hacia los demás.
En todos los trabajos, en todas las empresas y recordemos que un club de fútbol también lo es, existen los llamados “delincuentes laborales” que son aquellos trabajadores con tendencia a robar, estafar o agredir a la empresa, teniendo comportamientos poco éticos, sabiendo incluso que serán descubiertos. Cometen actos inconscientemente y justamente por estar prohibidos, ya que tras realizar el delito, y al ser sancionados sienten un alivio. Se alivia la culpa que les llevó a delinquir. Es decir que la culpa es previa al acto punitivo. El origen del sentimiento de culpa es desconocido, reconocen su mala acción, y aceptan tranquilamente la consecuente sanción, que produce un alivio, un reposo en ese sentimiento de culpa.
El SENTIMIENTO DE CULPA se reconoce como una falta ética que el sujeto experimenta ante el pensamiento o la realización de actos pocos lícitos, morales o éticos. A veces no es necesario que cometa ningún acto, les alcanza con pensarlo o fantasearlo para que aparezca este sentimiento. Cuanto mayor es el sentimiento de culpa sin sanción, mayor será la trasgresión, por lo que es importante sancionar estas situaciones para que pueda reintegrarse el trabajador a su tarea.




Continúa.